Calatayud

La Denominación de Origen Calatayud está situada en la parte occidental de la provincia de Zaragoza (España). La componen 46 municipios cercanos a la localidad de Calatayud y unas 13 bodegas. Sus viñedos tienen una extensión de 8.000 Hectáreas y están situados a altitud media de entre los 550 metros y 800 metros sobre el nivel del mar, en suelos...

La Denominación de Origen Calatayud está situada en la parte occidental de la provincia de Zaragoza (España). La componen 46 municipios cercanos a la localidad de Calatayud y unas 13 bodegas. Sus viñedos tienen una extensión de 8.000 Hectáreas y están situados a altitud media de entre los 550 metros y 800 metros sobre el nivel del mar, en suelos de piedra caliza, regados por los ríos Jalón, Jiloca, Piedra, Mesa, Ribota y Manubles, bajo un clima continental de temperaturas extremas, que resulta adecuado para el cultivo de la vid.

La Denominación de Origen Calatayud fue creada en 1989, aunque sus orígenes vitivinícolas se remontan al siglo I, donde aparecen las primeras referencias escritas sobre la calidad de los vinos en la zona de la mano de Marco Valerio Marcial, historiador, nacido en la ciudad romana de Bílbilis Augusta, cercana a la actual Calatayud. Los romanos potenciaron el desarrollo de la vid y los cristianos utilizaron su importancia durante la reconquista como cultivo colonizador. A finales del siglo XII, los monges cistercienses promovieron la plantación de la vid en esta zona y fundaron el Monasterio de Piedra, que se convirtió en un núcleo dinamizador del viñedo entre los pueblos aragoneses que lo rodeaban. La variedad de uva más cultivada en la DO Calatayud es la Garnacha tinta, en muchos casos de más de 50 años de edad y que en la zona se denominan de "viñas viejas" y de "cepas viejas". También se cultivan otras variedades tintas como la Tempranillo, Syrah, Mazuela, Merlot, Cabernet Sauvignon, que representan más del 90% de la superficie total y, entre las blancas destacan la Viura, Malvasía, Chardonnay. Se elaboran principalmente vinos tintos jóvenes, afrutados y minerales, rosados con Garnacha tinta, aromáticos y muy florales y blancos muy frescos con Viura. Sin embargo, la Garnacha ofrece un gran potencial de envejecimiento, con unos tiempos de crianza establecidos por el Consejo Regulador comprendidos entre los 24 y los 60 meses, de la siguiente manera:

  • - Los vinos de Crianza, un total de 24 meses, de los cuales reposa en barrica un mínimo de 6 meses.
  • - Los de Reserva, 36 meses en total, de los cuales el vino pasa en barrica 12 meses como mínimo.
  • - Los Grandes Reservas, envejecen durante 60 meses, de los cuales en barrica 24 meses al menos.

Del mismo modo que Luisito, el protagonista de Las bicicletas son para el verano escrita por Fernando Fernán Gómez, anhela una bicicleta, los aficionados al vino esperan la llegada de temperaturas frescas, para beber vino tinto. Pero, ¿por qué esperar? 

Aunque beber vino tinto en verano parezca difícil de digerir, es posible encontrar rincones de España donde beber vino, sin tener en cuenta la temperatura ambiente. Los vinos blancos y rosados, o los vinos jóvenes más frescos y ligeros que los vinos reserva, resultan más adecuados con altas temperaturas, porque se “dejan beber” más fácilmente.  Pero no tiene por qué ser así. Considerar el blanco más apropiado para el verano y el tinto para el invierno, nos llevaría,  in extremis,  a tomar uno diferente en cada estación del año. Así que, os sugiero  beber lo que más os apetezca en cada ocasión, y buscar planes de ocio en los que poder elegir lo que más os guste.

Mi propuesta para beber vinos tintos en verano tiene como destino Aragón, con un plan de escapadas de enoturismo que combina la naturaleza, el arte y los buenos vinos. Lejos de las playas abarrotadas del Levante, de la Costa Dorada o de la Costa del Sol, nos adentramos en las sierras aragonesas, donde a pesar del calor que podamos pasar durante el día, la cercanía de las montañas nos permitirá dormir frescos y al abrigo de las calorías del vino tinto de la tierra. Allí encontramos, las propuestas habituales de turismo sobre qué hacer en Zaragoza, y rutas alternativas para  los amantes de la naturaleza y del vino:

-          La Ruta de Campo de Borja, también llamada Ruta del Reino de la Garnacha, que se extiende a lo largo del Valle del río Huecha y los Llanos de Plasencia. En ella encontramos el Parque Natural del Moncayo, el Aragón Mudejar, el Museo del vino de Borja y varias bodegas visitables, como las bodegas Aragonesas y las Borsao.

-          La Ruta de Somontano, la más cercana a los Pirineos, con el Parque Natural de la Sierra y el del Río Vero, los Cañones de Guara y el Festival del Vino de Somontano en Barbastro (si vas entre el 30 de julio y el 2 de agosto, ¡no te lo puedes perder!).

-          La Ruta del vino del Campo de Cariñena, entre dos ejes que cruzan el Valle del Ebro, posiblemente la de clima más extremo y menos recomendable en verano.

-          Y la Ruta del vino de Calatayud, donde confluyen los más importantes afluentes del Ebro a su paso por Aragón, los ríos Jalón, Jiloca, Manubles, Ribot y Piedra. Los amantes del vino pueden realizar una escapada romántica al parque natural del Monasterio de Piedra, con una riqueza natural y arquitectónica que incluye un exposición sobre el vino, en el que se exhiben los utensilios de labranza que los monjes cistercienses utilizaban en las viñas, mientras puedes disfrutar de una copa de vino en la terraza.

A modo de moraleja, la bicicleta que al principio de la película tanto deseaba Luis para disfrutar con sus amigos, se convierte, después de la Guerra,  en un medio de transporte obligado para trabajar. Así que, moralinas aparte, gocemos siempre del vino que más nos guste, sea invierno o verano.  En vinosofos.com nos sobran razones para recomendarte paseos en bici y rutas de vinos españoles. ¿Y por qué no, vinos tintos?

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